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LAS HIJAS DEL FENIX

Miercoles 8/12/04

Miercoles 8/12/04 LA ENFERMEDAD DEL MIEDO

Que es el miedo.

Parece ser que en los inicios de la humanidad el miedo, como el estrés, cumplía una función imprescindible para la supervivencia: la de mantener al individuo alerta ante posibles peligros. Sin embargo, en nuestros días el miedo excesivo es fuente de problemas para mucha gente.

El miedo es una emoción básica de reacción ante un peligro, ya sea real o imaginario, que perturba el estado de ánimo. Se trata siempre de una situación subjetiva, que surge por lo general ante situaciones desconocidas o difíciles de controlar, y que desaparece a medida que esta situación se hace conocida.

El miedo se vuelve problemático cuando empieza a ser demasiado intenso o a escapar del control consciente de la persona. Así es como aparecen las fobias, que es como se conoce a los miedos irracionales, desproporcionados y obsesionantes hacia un objeto, situación, persona o actividad. Suelen ir asociadas a crisis de pánico súbitos arranques de miedo o ansiedad incontrolables en las que determinada situación o causa física hace pensar en la posibilidad de morir inmediatamente.

Poco tienen que ver con el miedo normal que puede sentir cualquiera cuando le dan un susto o presencia una situación temible. Muchos estudiosos del tema coinciden en afirmar que el miedo no es algo que pueda eliminarse a voluntad. El único medio para curar los miedos es aceptar su existencia y comprender el mensaje que encierran. Y es que la mayoría de los miedos no son más que el síntoma de algún otro mal.

Origen.

El miedo crónico se va incubando generalmente en las fases tempranas de la vida de la persona. En el hogar del miedoso suelen coincidir varias circunstancias: un padre o madre con todo un "despliegue de miedos", preocupaciones, ansiedades, obsesiones, etc.

Además, son frecuentes los casos de miedosos compulsivos que de pequeños fueron sobreprotegidos o tratados como personas muy frágiles debido a alguna enfermedad o pequeño problema físico. Frecuentemente también, la familia ha impedido al miedoso pasar tiempo solo durante su infancia: porque los padres necesitaran compañía, porque confundieran soledad y aburrimiento, por un excesivo sentido de la unidad familiar…

Estas personas suelen ser presas durante su edad adulta de violentas reacciones fóbicas: el pulso se acelera, la sudoración aumenta, se seca la boca y sobrevienen incluso vómitos y desmayos. El fóbico piensa que va a perder el control y quiere huir a toda costa. Esto a veces es materialmente imposible (como cuando se viaja en un avión), con lo que se crea un auténtico círculo vicioso. Estas fobias no son cosa de broma, ya que se con vierten en un verdadero infierno para quien las padece, produciendo continuo malestar y angustia.

Cómo vencerlo.

El terapeuta Gavin de Becker, en su libro El valor del miedo, propone dos reglas para eliminar el miedo. La primera de ellas pasa por tener en cuenta que "el hecho de temer algo es señal de que no está sucediendo"; si se teme acercarse a un barranco por miedo a caerse, tal caída no sucederá, puesto que el miedoso no se acercará nunca.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que "lo que se teme casi nunca coincide con lo que se piensa que se teme" y es que los miedos “superfluos” esconden muchas veces, como ya hemos dicho, otros miedos o bien otros males más profundos.

Al miedo hay que asustarlo. El conocimiento, el saber, la razón y la lógica, pueden aminorar algunos miedos y eliminar otros de manera radical, sin embargo, no proporcionan necesariamente coraje.

La valentía es una actitud, como decía Descartes, que tiene bastante de Pasional. No podemos vivir sin arrojo, lo necesitamos para amar, para llorar, para gritar, para defendernos, para renunciar, para combatir, para decir no, para ser felices, y para mil cosas más. El coraje es el motor de la existencia digna. Ser valiente no es ser suicida, sino mezclar pasión y razón para sostener se un minuto más que los demás en la situación temida.

Aguanta un segundo más y será condecorado.

El héroe no desconoce la adrenalina, la vive intensamente, la soporta hasta alcanzar su meta, la padece de manera consciente. No hay heroísmo sin tozudez y no hay valentía sin esfuerzo. La persona que ejercita el coraje como virtud, jamás olvida la excepción de la regla, es un experto en discriminar cuando se justifica y cuando no, reconoce que para exponer las armas también se necesita coraje.

En la Ética, Espinosa, dice: "En un hombre libre, pues, una huída a tiempo revela igual firmeza que la lucha; o sea, que el hombre libre elige la huída con la misma firmeza o presencia de ánimo que el combate". Para que el coraje sea virtuoso, además de un corazón enardecido, se necesita un cerebro bien puesto. Prudencia no es cobardía.

En psicología clínica, la regla principal para vencer el miedo sin fundamento (es decir, el que no se desprende de la realidad objetiva), es enfrentarlo, exponerse a él y agotarlo, extinguirlo.

La audacia y el experimentalismo responsable, como forma de vida, disminuyan las probabilidades de adquirir enfermedades Psicológicas relacionadas con la ansiedad.

Las personas a quienes les gusta explorar, innovar y abrir nuevas puertas, husmear en lo desconocido, crean mayor inmunidad al miedo que aquellas que viven restringidas, limitadas y agarradas a sus fuentes de seguridad.

El principio de la exposición activa propone un estilo orientado a asumir los riesgos necesarios para vencer el miedo Psicológico y ponerle el pecho al desaliento. Es imposible superar el temor irracional, cualquiera que sea, mirándolo a la distancia, negándolo o escapando.

Si el miedo es absurdo, hay que aventurarse y meterse en el ojo del huracán, ya sea con ayuda profesional, con medicamentos o acompañado, como sea, hay que luchar contra el miedo patológico, o si quiere, hay que "sufrirlo" un rato, empezar a faltarle al respeto, molestarlo y hasta tomarle el pelo.

Hay que retarlo, llamarlo, invitarlo a entrar y jugar de local: Hay que asustar al miedo para perder el miedo.

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